de la frontera Portuguesa en el sur a la frontera Francesa al lado del Mediterráneo

Misión cuplida; toda la costa mediterránea!
Los úlitmos 690 km entre Gandía y Francia he hecho en solitario. Tengo que admitir que este último tramo ha sido más duro que había pensado, sobre todo por dos detalles que subestimé; lo hice relativamente temprano en la estación y allí en el norte se nota bastante la diferencia del clima. La lluvia, el viento, el frío y a veces el estado de mar me han desafiado.
Al menos en once días tuve que adaptar la ruta, incluso anularla a veces. Pero ha sido un viaje muy interesante y un buen test para mi estabilidad mental. He conocido gente nueva maravillosa.  Me da mucha satifacción que he explorado ya cada metro de la costa sur y este.

Más tarde voy a publicar un relato completo aquí. Además he grabado material de video que publicaré aquí y en Youtube.

 

La mañana tempranita, antes de pasar por el puerto de Valencia

Un video de un día ventoso en Cádiz


Un día en febrero de 2019 paleamos Jesu y yo juntos, se lo ve en el enlace arriba. La idea es seguir publicando videos en este canal. No sólo de rutas, sino también de reviews del material, reportajes cortas y viajar en kayak.
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Gracias!

Un fin de semana movido con Jesu

Después de más tiempo que la humanidad es capaz de recordar, por fin por fin por fin, he podido volver a visitar a mi fiel amigo Jesu. Como compartimos tantas memorias dulces de otras excursiones juntos, volver a palear juntos sentía como llegar a casa.
Jesu ha sido mi primer ejemplo como kayakista y sigue siéndolo. Es unos de los mejores kayakistas españoles que conozco. Siempre es un placer buscar el movimiento con él. Y movimiento es lo que encontramos! En la ruta hacia San Fernando, avisaron del fuerte viento en las autovías. Así se sabía que iba a ser chulo.

Apenas he tenido un momento para soltar la pala y hacer unas fotos, por lo que hay pocas imágenes en este relato. El Sábado pasábamos la mañana en la desembocadura del río San Pedro, cogiendo olas (¡por casualidad es justo el sitio en que nos conocimos hace años!).  La marea con coeficiente alto, subiéndose en contra del viento de 20 nudos, con rachas hasta 30: no nos faltó nada. Es curioso cómo las olas se rompen allí. Una vez que se empieza a formar la espuma encima, a veces siguen rodando por cientos de metros sin que se disminuye su altura.

Por la tarde fuimos al castillo de Sancti Petri, donde el mar se comportó de modo muy distinto, pero de nuevo era suficientemente violento para no aburrirnos ni un segundo. Detrás del castillo, Jesu, pasó entre sus rocas favoritas por un hueco estrecho. La ola gigantesca que, por casualidad(?), rompió justo en la salida después de que Jesu había pasado por allí, me convenció no copiarle el truco.

El día siguiente volvimos a coger más olas en la desembocadura del río.

Qué fin de semana agradable, todo ha sido como antes. He disfrutado un montón y no en el último lugar de nuestra amistad. Doy todas las gracias a Jesu por recibirme con los brazos tan abiertos, aunque había pasado tanto tiempo sin vernos. ¡No dejemos que pase tanto tiempo de nuevo!

En el fondo se ve el puente de Cádiz, una obra impresionante

¿El kayak de mar un deporte de riesgo? Me ha salvado la vida, digo yo.

Hay un hilo en el foro de kayak de mar en que se habla de los problemas relacionados con la espalda. http://www.kayakdemar.org/index.php?topic=16040.0
Muchas personas en algún momento de sus vidas sufren de sus espaldas. Entre las posibles causas se encuentran los discos intermedios desgastados, deformaciones de los vertebrales, falta de fuerza muscular, hernia, etc. Desgraciadamente yo también tengo una amplia experiencia con este problemilla. Bueno, en mis ojos no es algo inocente sino muy grave; si no se quita el dolor de la espalda en el termino largo, se acorta la vida igual como con las otras enfermedades letales. Menos mal que sorprendentemente en la mayoría de los casos las complicaciones de espalda se van, al menos temporalmente.

Incluso un ignorante total puede ver que mi columna vertebral está lejos de una forma perfecta

Soy un creyente de la teoría de simplemente reforzar los músculos y la condición física del cuerpo en general, muchas veces evita una operación y quizás nos sirve incluso mejor. Es allí donde entra nuestro deporte sagrado, el kayak de mar. No es un deporte muy común y por eso habrán pocos médicos que nos van a aconsejar practicarlo para aliviar la espalda. ¡Pero a mí me ha funcionado de maravilla! Además he oído justo lo mismo de varios otros kayakistas.

Aquí debajo cito el comentario que añadí al foro de kayak de mar, espero que mi historia anima a otros pacientes:

“Hola L., bienvenida. Siento el susto en el que te encuentras actualmente. Creo que te entiendo muy bien.
Te cuento mi experiencia personal, quizás sirve para algo o alguien. No sé nada de las espaldas (creo que nadie realmente las entienden, los médicos tampoco) salvo que nos pueden torturar mucho. Hasta hace seis años, sufría mucho de dolores de espalda. Incluso era casi imposible salir del coche para echar gasolina, hacer las compras, andar en general, etc. Según las fotos y scanes que hicieron en el hospital, mi columna vertebral está muy desgastada y deformada. El médico en el hospital de Cáceres me explicó que la espalda no mejorará y tengo que inventar una manera de vivir con ella.
Ambos, mi padre y mi hermana, son cirujanos, les envié las imágenes para preguntarles por sus opiniones. Me confirmaron que desde luego se ven bastantes imperfecciones en las fotos, pero también me comentaron que (sorprendentemente, digo yo) no está probado científicamente que las quejas/dolores tienen una relación directa con las deformaciones del físico. Hay mucha gente con espaldas lejos de ideal sin ningún problema y al revés. Había dejado mi gran pasión por la espalda: la bici de carrera. La despedida me cayó muy difícil. Pero no me pude imaginar una vida sin deporte, pues fue el momento que empecé con el  kayak. Una amiga de mi hermana, también cirujana en un hospital prestigioso, me aseguró que los movimientos de gira que se hace en el kayak, serán fatales para la espalda.
Bueno, la verdad es que después de poco tiempo practicando el piragüismo, por primera vez me sentía mejor, con menos dolor. Unos meses más tarde, ya habían días sin dolor en absoluto! Hoy en día llevo años libre de cualquier dolor de espalda, estoy más fuerte que nunca! Me siento totalmente renacido. Sigo sin entender nada de nada, pero estoy convencido que el kayak me ha salvado la vida, digamos. Estoy con lo que dice J. B.; es importante mantener el aparato muscular. No dejo pasar ni una semana sin entrenar con el kayak, da igual la época o el tiempo.
No digo que es el remedio para todos, pero aparentemente a veces el kayak nos puede ayudar mucho más de lo que los médicos sospechan. Al menos en mi caso ha funcionado.
¡Qué te mejores!” 

Los últimos kilómetros de la costa Andaluza (y llevar una novata), Enero de 2019

Con el objetivo de ver cada metro de la costa de toda la Península Ibérica, navego cada excursión por otro tramo de ella. Considerando el trayecto desde Gandía (sur de Valencia) hasta la frontera Portuguesa en Huelva, sólo me faltó la parte desde Mazagón hasta el país de nuestros vecinos, es decir unos 60 kilómetros. Visto que habría que pasar por tres desembocaduras de aguas interiores, me parecía mejor navegar cuando se da un coeficiente bajo/medio. Entonces, en medio de enero o en los fines de enero, en función de las predicciones meteorológicas.

he marcado cada 10 km con un globo
Aquí sólo faltan 201 km hasta los 300.000 (en otras palabras: 7,5 vueltas por nuestro planeta)

Por gran parte, esta afición es la culpable de los numerosos desplazamientos con la furgo sobre la tierra, ay! ya tiene una distancia cubierta… (este viaje paso por 300.000 km)

Cuándo me contactó una amiga de Elly, que se llama Verenike (de Austria), había planeado realizar dicho tramo en solitario ya. Apenas nos conocíamos, pero Verenike me convenció que realmente le gustaría acompañarme y estaba muy entusiasmada. Había probado el kayak de mar una vez antes, aunque en circunstancias totalmente favorables y no en el océano. Me daba duda, pero al final decidí aceptar la responsabilidad y llevarla.
Ella vino desde Portugal donde trabajaba durante un par de meses, y yo desde el pueblo de los higos en el que vivo, Extremadura. Nos encontramos en Isla Cristina, en la que dejamos uno de nuestros coches, para luego empezar la travesía en Mazagón.
Apenas había posibilidad de observar cómo se defendía Verenike antes de realmente iniciar la ruta, porque desde la playa de Mazagón la primera cosa que había que hacer fue separarnos 3,2 kilómetros de la playa. Aquella es una zona de industria, entran y salen grandes buques, con un muro estrecho de piedra que hay que rodear. Con el viento y las olas en nuestro favor, la idea era intentar llegar el mismo día, pues palear al menos 50 km al camping localizado en Isla Cristina. Ahora acompañado, era muy consciente de que era bastante probable que no íbamos a lograr cubrir esta distancia en un sólo tiro, estaba preparado para un plan B y también para el siguiente, el famoso plan C. Sobre todo porque nos encontrábamos justo en el medio de una ola nacional de frío (ola: me encanta esta palabra, jeje)  y encima para el día siguiente dieron viento de 30 nudos. No exactamente ideal para una principiante.
¡Pues adelante!

Un poquito vientoso, pero de espalda
Lo puedo confirmar; no estaba demasiado caluroso
Encender el motor siempre cuesta

Salimos con la primera luz del día, a buscar el faro que indica el extremo del canal náutico de Mazagón.

El faro de Mazagón

Verenike paleaba bastante bien, equilibrada y con un ritmo constante, ni demasiado rápido ni lento. Ambos suponíamos que había posibilidad de llegar al lugar de destino el mismo día.

¡Qué alegría estar en otra travesía!

Poco oleaje, el viento a favor, el cielo despejado y la temperatura baja.
Sin embargo, y nada asombroso, el cansancio empezaba a jugar un papel cada vez mayor.

Hora de recuperar un poco

Después de una pausa en un chiringuito en Punta Umbría para recargar la batería, la energía se había recuperado.

Punta Umbría, seguimos

Pero no todo podía seguir siendo tan fácil… En la desembocadura del río Piedras (Portil) hay un banco de arena que se queda seca durante bajamar. Por supuesto allí no hay mucha profundidad, y como sabemos todos los kayakistas, en esos sitios las olas son empujadas hacia arriba. En concreto: olas rompientes! La primera le cogió el kayak a Verenike y se empezó a surfear de modo muy chulo. Sí señor, así se hace! Pero no pasó mucho tiempo, cuando una segunda ola, esta vez del lado (venían de todas direcciones), le acercó de forma inesperada y Verenike se volcó.
Estuve a su lado y en muy poco tiempo ya se volvió a sentar en su kayak, pero el susto quedaba. El pelo mojado y una sonrisa prudente en la cara.

¿De dónde demonios vino esa ola?

Me parecía mejor aceptar que no íbamos a llegar a nuestro destino en este día y paramos antes de la oscuridad para organizarnos tranquilamente. Hicimos 34 km. La puesta de sol emitió paz. Las líneas, los colores y los contrastes como un cuadro abstracto.

Hasta mañana, ¡nuestro querido sol!

Para aquella noche, las predicciones dieron mucho más viento y bastante oleaje. Demasiado viento para continuar nuestra travesía. Visto que en otra ocasión ya me había pasado que el viento me “robó” mi kayak (voló cientos de metros antes de chocar violentamente contra el suelo). Aprovechamos la presencia de una boya grande que trajo el mar. Estaba media llena de agua y pesaba muchísimo, pues nos podría proteger contra el levante esperado. Excavamos los kayaks un poco y los atamos entre ellos. ¡Hora de cocinar la cena!

Sorprendentemente, la tormenta nunca llegó. El viento desde luego sí aumentó, pero no demasiado fuerte.
Mientras Verenike descansó bien por la mañana, puse una línea con el cabo de remolque para secar las ropas. A las 11:30 perdí la paciencia y le desperté con un café caliente y un par de galletas de semillas sésamo. Ese día no se sentía bien. Le dolía la muñeca, le faltaba la energía, se sentía emocional y encima estuvo mareada.

Hay que aprovechar lo que se encuentra en la playa

Ya después de 4 km decidí que no tenía mucho sentido seguir así, aunque tengo que admitir que en silencio me costó añadir incluso otro día más a nuestra ruta, que para mí hubiera sido una ruta sencilla y fácil. Bueno Jasper, ¡cállate, el objetivo principal es disfrutar del viaje, del ambiente y de la compañía tan agradable de Verenike! Entonces volví a aceptar la situación sin quejas y nos acercamos a la playa para otra noche improvisada.

¿Habría un motivo que todos mis compañeros en algún momento se ponen así?

Menos mal que después de un rato en tierra se recuperó y reímos muchísimo. Como siempre, estaba preparado para todo (es el motivo que mis compañeros muchas veces dicen “Joder Jasper, cuánto pesa tu maldito kayak eh!?”) y no nos faltó comida ni bebida ni ropa. Buscamos conchas, cocinamos una cena rica y amplia y charlamos sobre nuestras vidas.
La mañana siguiente mi tienda de campaña  y el saco de bivac de Verenike estuvieron cubiertos con una capita de hielo, pero no pasamos frío.

Hilleberg Unna, ¡tanto me gusta esta tienda de campaña!

El tercer día hicimos los 12 km restantes con facilidad. El mar estuvo un poco más movido pero ya no afectó a Verenike.

Las olas colaboraban con el viento, empujádonos hacia el Este

¡Misión cumplida, ya estamos al lado de la frontera Portuguesa!

El gigante y la enana, jeje

Para celebrar la travesía, Verenike opinó que fue imprescindible tirarse de cabeza desnudos en el océano. Después de intentar evitar justo lo contrario durante los días pasados, es decir NO caer al agua, nos quitamos la ropa y corrimos al agua, dejando nuestro fotógrafo con la boca abierta en la playa… brrrrrr!

Quitándome toda la ropa en enero, qué locura…

Desgraciadamente se acabó la travesía. Es el único inconveniente de las travesías en kayak; que en algún momento terminan. Monté el carrito y andamos al camping. En él pasamos la noche antes de volver a casa. La ducha caliente fue genial. Fueron unos días preciosos e inolvidables, a pesar de que tardamos más de lo planeado. Los dos hemos disfrutado muchísimo. Doy todas las gracias a Verenike y su positividad, admiro su fuerza interior; gracias!

Camping La Giralda (Isla Cristina): un sitio muy recomendable con buena gente!

 

La gran duda de estas navidades

Actualmente me están jugando dos cosas a la vez en la cabeza, que me quedan sin dormir. Son dos extremos que no mezclan bien:

1) Por parte de la Junta de Extremadura, me han sancionado con unos € 2.000,- por “no tener una licencia y sin embargo alquiler mi casa”. Sí estoy inscrito como autónomo que alquila su vivienda, sí he facturado mis clientes de forma formal y sí he pagado los impuestos sobres estos ingresos. Ah, hay otro “sí”: antes de empezar había contratado un abogado y le había preguntado si sea necesario tener una licencia, pero me calmó y me dijo que en este caso no. Bueno, la Junta no da información, ni avisa, ni comunica. La primera y única información que me ha enviado es dicha sanción altísima. Siendo un holandés, siempre intento cumplir las normas y hacer las cosas de modo más legal posible. Parece que la intención no cuenta, lo que les interesan es mi monedero. No me parece un clima estimulante para los que enseñan iniciativo, es decir los autónomos.
Bueno, basta.

2) Hay un plazo libre en una travesía en kayak muy chula que se llama “The Great Bear Rain Forest Challenge” en Canadá. Organizada por Justine Curgenven y JF Marleau. Tendrá lugar en los fines de Junio de 2019. Es una travesía de 19 días en autonomía por la selva, que está poblado por osos, águilas, ballenas, lobos y muchos más bichos chulos. No existe nada de infraestructura ni de presencia humana. Entonces, un sueño total! Justine misma me ha invitado a participar.

La duda me resulta cruel. En este momento, económicamente, no estoy suficientemente poderoso para arriesgar la decisión final de la Junta y a la misma vez pre pagar mi inscripción para asegurar mi participación en la travesía mencionada. Noches despiertas…

Para aliviar la duda de momento, comparto unas fotos del pasado. Se tratan de unas de las excursiones que hice a Gales. Ojo, las olas que se ve en las imágenes, no están formadas por el viento sino por la corriente. Las corrientes allí están tan fuertes que si no logras de surfear las olas en contra, la corriente te lleva de modo sí o sí. ¡Es un ambiente muy muy divertido para nosotros kayakistas!

¡Deseo a todos muy felices fiestas y un 2019 lleno de salidas en vuestros kayaks de mar!

La foto está hecho por Justine desde su kayak
Hay que acelerar rápido para no perder la ola
Un par de paleadas más y la tendré
En el fondo se ve la corriente bien
Juego bonito entre el cielo y el agua

Mi pantano maldito al que he aprendido a amar (parte 3)

“A pesar de todo dicho arriba, ¿qué son las ventajas de un lago, que después años por fin he descubierto? Lo vamos a descubrir en parte tres…”

Estas han sido las últimas palabras del artículo anterior. Ya viene el gran cambio en la serie de estos relatos.

OK, es verdad que un pantano no tiene mucho que ver con el mar, tampoco puede sustituirlo,  pero desde luego tiene un valor en su mismo. Un valor que he reconocido poco a poco, pero cada vez más. Hoy en día me siento privilegiado con la presencia del embalse. Es un cambio mental. Hay que agradecer lo que hay, no? Aquí vienen las ventajas.

El pantano me permite entrenar dos veces a la semana, durante todo el año, en días fijos. Casi nunca el tiempo me previene ir. Pues es fácil mantener la forma en un pantano.
Se puede practicar todas las técnicas en un entorno relativamente seguro. El timón de proa, de popa, giros estáticos, los apoyos bajos y altos, los auto rescates, aprender todo lo que nos ofrece el cantear (que es mucho más que suponemos!), el rol y perfeccionar el “forward paddling”.
Luego, se puede practicar navegar con vientos muy fuertes y  aprender orientarse totalmente basado en la brújula  sin demasiado peligro. Bueno, con menos riesgo que en al mar, digamos.

El agua en general está más fría (invierno) y a veces el viento sopla bastante

Otro detalle de que disfruto mucho, es la fauna presente. Ya se exactamente dónde viven las parejas nutrias, localizar las grandes colonias de los nidos de las cigüeñas, como se coge una tortuga y ponerla en la cubierta del kayak por un momento, seguir el Martín Pescador alrededor de su islote, contar los gansos salvajes, las grúas que emigran hacia África y sorprenderme cada vez de nuevo del tamaño de los peces (aproximadamente un metro).

Después de entrenar, es bastante agradable tomar un café en el chiringuito con la gente que vive en las orillas.

Estoy consciente que hay muchas personas más que tienen más cerca algún embalse que el mar. Espero que ellos también encuentren consuelo en ellos y sacar los beneficios que nos ofrecen.

Desde luego, a menudo nos volveremos a ver en el mar, que sigue siendo la leche! (Uh, el agua salada, digo)