Mi pantano maldito al que he aprendido a amar (parte 1)

 

Sólo. Abandonado. Aburrido y sin olas verdaderas. El pantano de Orellana para lo cual se tiene que solicitar por un permiso oscuro, caro y complicado. El pantano del que soy el único socio que practica la navegación en kayak. Pero es grande, respira paz y sus orillas son vírgenes y bonitas.

En 2007 llegué a España, Extremadura, Almoharín. Este pueblo pequeño está separado por casi 400 kilómetros del mar más cercano. Mi deporte era el ciclismo. Sin obstante, en los veranos las temperaturas aquí se ponen tan agradables, que subir con bici lentamente a una montaña no es la primera cosa que se suele soñar. Además, tengo que admitirlo, la edad de Superman se me había pasado un poco. Un poquito digamos. Querría cambiar mi deporte por algo menos competitivo y mejor adaptado a los veranos extremeños. Algo aún más conectado al ambiente natural. Alimentado por esta idea, descubrí nuestra hermosa afición; el kayak de mar. Un mundo nuevo fantástico se abrió. Pero… el mar, dónde está?!

Considerando mi situación, es poco sorprendente que no pude encontrar nada ni nadie que me pudiera dar información sobre otras cosas que no fueran los tractores y los temas de agriculturas. Menos mal que el internet siempre sabe todo y con mis últimos ahorros compré mi equipo. Al menos hubiera podido disfrutar de la herencia del señor Generalísimo: los grandes pantanos de Orellana, el Zújar y el de Gabriel y Galán. Con unas páginas copiadas y plastificadas del libro “Guía ilustrada de Kayak de Mar” (autor: John Robison) en la mano, me fui al puerto deportivo sencillo en la orilla de Orellana la Vieja, justo al lado de la presa, con el objetivo de aprender el esquimotaje. Fui muy ignorante, me parecía una técnica interesante para empezar. No fue un éxito. Me tuvieron que sacar del agua fría con una motora de rescate porque después de caerme, subirme por la popa, caerme de nuevo, etc., ya me quedé sin energía, nadando al lado de mi kayak, mientras que el viento estaba soplándome hacia el centro del pantano inmenso.

Vuelto a casa, repetía leer las explicaciones del dicho libro muchísimas veces. Sentando en la cama, me estaba imaginando las sentimientos y la pérdida de orientación cuando uno se está flotando boca abajo en el kayak caído. Practicaba los movimientos descritos en la cama. Seguro que ha tenido que ser muy ridículo. Armado con estos conocimientos secos, volvía al pantano. La tercera tarde que me fui al pantano, el rol funcionó!
Estoy convencido que el poder de los libros, internet, videos está bastante subestimado. Por supuesto nunca substituye la práctica, pero informarse lo mejor posible desde luego acelera mucho la curva del aprendizaje. Animado por el éxito recién obtenido con el rol, seguí coleccionando toda la información que podía pillar, para estudiarla meticulosamente.

 

Por el momento, estaba contento con el pantano. Por el momento. Aunque empecé imaginándome cómo sería navegar en el mar…

(a continuar)

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