Los últimos kilómetros de la costa Andaluza (y llevar una novata), Enero de 2019

Con el objetivo de ver cada metro de la costa de toda la Península Ibérica, navego cada excursión por otro tramo de ella. Considerando el trayecto desde Gandía (sur de Valencia) hasta la frontera Portuguesa en Huelva, sólo me faltó la parte desde Mazagón hasta el país de nuestros vecinos, es decir unos 60 kilómetros. Visto que habría que pasar por tres desembocaduras de aguas interiores, me parecía mejor navegar cuando se da un coeficiente bajo/medio. Entonces, en medio de enero o en los fines de enero, en función de las predicciones meteorológicas.

he marcado cada 10 km con un globo
Aquí sólo faltan 201 km hasta los 300.000 (en otras palabras: 7,5 vueltas por nuestro planeta)

Por gran parte, esta afición es la culpable de los numerosos desplazamientos con la furgo sobre la tierra, ay! ya tiene una distancia cubierta… (este viaje paso por 300.000 km)

Cuándo me contactó una amiga de Elly, que se llama Verenike (de Austria), había planeado realizar dicho tramo en solitario ya. Apenas nos conocíamos, pero Verenike me convenció que realmente le gustaría acompañarme y estaba muy entusiasmada. Había probado el kayak de mar una vez antes, aunque en circunstancias totalmente favorables y no en el océano. Me daba duda, pero al final decidí aceptar la responsabilidad y llevarla.
Ella vino desde Portugal donde trabajaba durante un par de meses, y yo desde el pueblo de los higos en el que vivo, Extremadura. Nos encontramos en Isla Cristina, en la que dejamos uno de nuestros coches, para luego empezar la travesía en Mazagón.
Apenas había posibilidad de observar cómo se defendía Verenike antes de realmente iniciar la ruta, porque desde la playa de Mazagón la primera cosa que había que hacer fue separarnos 3,2 kilómetros de la playa. Aquella es una zona de industria, entran y salen grandes buques, con un muro estrecho de piedra que hay que rodear. Con el viento y las olas en nuestro favor, la idea era intentar llegar el mismo día, pues palear al menos 50 km al camping localizado en Isla Cristina. Ahora acompañado, era muy consciente de que era bastante probable que no íbamos a lograr cubrir esta distancia en un sólo tiro, estaba preparado para un plan B y también para el siguiente, el famoso plan C. Sobre todo porque nos encontrábamos justo en el medio de una ola nacional de frío (ola: me encanta esta palabra, jeje)  y encima para el día siguiente dieron viento de 30 nudos. No exactamente ideal para una principiante.
¡Pues adelante!

Un poquito vientoso, pero de espalda
Lo puedo confirmar; no estaba demasiado caluroso
Encender el motor siempre cuesta

Salimos con la primera luz del día, a buscar el faro que indica el extremo del canal náutico de Mazagón.

El faro de Mazagón

Verenike paleaba bastante bien, equilibrada y con un ritmo constante, ni demasiado rápido ni lento. Ambos suponíamos que había posibilidad de llegar al lugar de destino el mismo día.

¡Qué alegría estar en otra travesía!

Poco oleaje, el viento a favor, el cielo despejado y la temperatura baja.
Sin embargo, y nada asombroso, el cansancio empezaba a jugar un papel cada vez mayor.

Hora de recuperar un poco

Después de una pausa en un chiringuito en Punta Umbría para recargar la batería, la energía se había recuperado.

Punta Umbría, seguimos

Pero no todo podía seguir siendo tan fácil… En la desembocadura del río Piedras (Portil) hay un banco de arena que se queda seca durante bajamar. Por supuesto allí no hay mucha profundidad, y como sabemos todos los kayakistas, en esos sitios las olas son empujadas hacia arriba. En concreto: olas rompientes! La primera le cogió el kayak a Verenike y se empezó a surfear de modo muy chulo. Sí señor, así se hace! Pero no pasó mucho tiempo, cuando una segunda ola, esta vez del lado (venían de todas direcciones), le acercó de forma inesperada y Verenike se volcó.
Estuve a su lado y en muy poco tiempo ya se volvió a sentar en su kayak, pero el susto quedaba. El pelo mojado y una sonrisa prudente en la cara.

¿De dónde demonios vino esa ola?

Me parecía mejor aceptar que no íbamos a llegar a nuestro destino en este día y paramos antes de la oscuridad para organizarnos tranquilamente. Hicimos 34 km. La puesta de sol emitió paz. Las líneas, los colores y los contrastes como un cuadro abstracto.

Hasta mañana, ¡nuestro querido sol!

Para aquella noche, las predicciones dieron mucho más viento y bastante oleaje. Demasiado viento para continuar nuestra travesía. Visto que en otra ocasión ya me había pasado que el viento me “robó” mi kayak (voló cientos de metros antes de chocar violentamente contra el suelo). Aprovechamos la presencia de una boya grande que trajo el mar. Estaba media llena de agua y pesaba muchísimo, pues nos podría proteger contra el levante esperado. Excavamos los kayaks un poco y los atamos entre ellos. ¡Hora de cocinar la cena!

Sorprendentemente, la tormenta nunca llegó. El viento desde luego sí aumentó, pero no demasiado fuerte.
Mientras Verenike descansó bien por la mañana, puse una línea con el cabo de remolque para secar las ropas. A las 11:30 perdí la paciencia y le desperté con un café caliente y un par de galletas de semillas sésamo. Ese día no se sentía bien. Le dolía la muñeca, le faltaba la energía, se sentía emocional y encima estuvo mareada.

Hay que aprovechar lo que se encuentra en la playa

Ya después de 4 km decidí que no tenía mucho sentido seguir así, aunque tengo que admitir que en silencio me costó añadir incluso otro día más a nuestra ruta, que para mí hubiera sido una ruta sencilla y fácil. Bueno Jasper, ¡cállate, el objetivo principal es disfrutar del viaje, del ambiente y de la compañía tan agradable de Verenike! Entonces volví a aceptar la situación sin quejas y nos acercamos a la playa para otra noche improvisada.

¿Habría un motivo que todos mis compañeros en algún momento se ponen así?

Menos mal que después de un rato en tierra se recuperó y reímos muchísimo. Como siempre, estaba preparado para todo (es el motivo que mis compañeros muchas veces dicen “Joder Jasper, cuánto pesa tu maldito kayak eh!?”) y no nos faltó comida ni bebida ni ropa. Buscamos conchas, cocinamos una cena rica y amplia y charlamos sobre nuestras vidas.
La mañana siguiente mi tienda de campaña  y el saco de bivac de Verenike estuvieron cubiertos con una capita de hielo, pero no pasamos frío.

Hilleberg Unna, ¡tanto me gusta esta tienda de campaña!

El tercer día hicimos los 12 km restantes con facilidad. El mar estuvo un poco más movido pero ya no afectó a Verenike.

Las olas colaboraban con el viento, empujádonos hacia el Este

¡Misión cumplida, ya estamos al lado de la frontera Portuguesa!

El gigante y la enana, jeje

Para celebrar la travesía, Verenike opinó que fue imprescindible tirarse de cabeza desnudos en el océano. Después de intentar evitar justo lo contrario durante los días pasados, es decir NO caer al agua, nos quitamos la ropa y corrimos al agua, dejando nuestro fotógrafo con la boca abierta en la playa… brrrrrr!

Quitándome toda la ropa en enero, qué locura…

Desgraciadamente se acabó la travesía. Es el único inconveniente de las travesías en kayak; que en algún momento terminan. Monté el carrito y andamos al camping. En él pasamos la noche antes de volver a casa. La ducha caliente fue genial. Fueron unos días preciosos e inolvidables, a pesar de que tardamos más de lo planeado. Los dos hemos disfrutado muchísimo. Doy todas las gracias a Verenike y su positividad, admiro su fuerza interior; gracias!

Camping La Giralda (Isla Cristina): un sitio muy recomendable con buena gente!

 

La gran duda de estas navidades

Actualmente me están jugando dos cosas a la vez en la cabeza, que me quedan sin dormir. Son dos extremos que no mezclan bien:

1) Por parte de la Junta de Extremadura, me han sancionado con unos € 2.000,- por “no tener una licencia y sin embargo alquiler mi casa”. Sí estoy inscrito como autónomo que alquila su vivienda, sí he facturado mis clientes de forma formal y sí he pagado los impuestos sobres estos ingresos. Ah, hay otro “sí”: antes de empezar había contratado un abogado y le había preguntado si sea necesario tener una licencia, pero me calmó y me dijo que en este caso no. Bueno, la Junta no da información, ni avisa, ni comunica. La primera y única información que me ha enviado es dicha sanción altísima. Siendo un holandés, siempre intento cumplir las normas y hacer las cosas de modo más legal posible. Parece que la intención no cuenta, lo que les interesan es mi monedero. No me parece un clima estimulante para los que enseñan iniciativo, es decir los autónomos.
Bueno, basta.

2) Hay un plazo libre en una travesía en kayak muy chula que se llama “The Great Bear Rain Forest Challenge” en Canadá. Organizada por Justine Curgenven y JF Marleau. Tendrá lugar en los fines de Junio de 2019. Es una travesía de 19 días en autonomía por la selva, que está poblado por osos, águilas, ballenas, lobos y muchos más bichos chulos. No existe nada de infraestructura ni de presencia humana. Entonces, un sueño total! Justine misma me ha invitado a participar.

La duda me resulta cruel. En este momento, económicamente, no estoy suficientemente poderoso para arriesgar la decisión final de la Junta y a la misma vez pre pagar mi inscripción para asegurar mi participación en la travesía mencionada. Noches despiertas…

Para aliviar la duda de momento, comparto unas fotos del pasado. Se tratan de unas de las excursiones que hice a Gales. Ojo, las olas que se ve en las imágenes, no están formadas por el viento sino por la corriente. Las corrientes allí están tan fuertes que si no logras de surfear las olas en contra, la corriente te lleva de modo sí o sí. ¡Es un ambiente muy muy divertido para nosotros kayakistas!

¡Deseo a todos muy felices fiestas y un 2019 lleno de salidas en vuestros kayaks de mar!

La foto está hecho por Justine desde su kayak
Hay que acelerar rápido para no perder la ola
Un par de paleadas más y la tendré
En el fondo se ve la corriente bien
Juego bonito entre el cielo y el agua

Mi pantano maldito al que he aprendido a amar (parte 3)

“A pesar de todo dicho arriba, ¿qué son las ventajas de un lago, que después años por fin he descubierto? Lo vamos a descubrir en parte tres…”

Estas han sido las últimas palabras del artículo anterior. Ya viene el gran cambio en la serie de estos relatos.

OK, es verdad que un pantano no tiene mucho que ver con el mar, tampoco puede sustituirlo,  pero desde luego tiene un valor en su mismo. Un valor que he reconocido poco a poco, pero cada vez más. Hoy en día me siento privilegiado con la presencia del embalse. Es un cambio mental. Hay que agradecer lo que hay, no? Aquí vienen las ventajas.

El pantano me permite entrenar dos veces a la semana, durante todo el año, en días fijos. Casi nunca el tiempo me previene ir. Pues es fácil mantener la forma en un pantano.
Se puede practicar todas las técnicas en un entorno relativamente seguro. El timón de proa, de popa, giros estáticos, los apoyos bajos y altos, los auto rescates, aprender todo lo que nos ofrece el cantear (que es mucho más que suponemos!), el rol y perfeccionar el “forward paddling”.
Luego, se puede practicar navegar con vientos muy fuertes y  aprender orientarse totalmente basado en la brújula  sin demasiado peligro. Bueno, con menos riesgo que en al mar, digamos.

El agua en general está más fría (invierno) y a veces el viento sopla bastante

Otro detalle de que disfruto mucho, es la fauna presente. Ya se exactamente dónde viven las parejas nutrias, localizar las grandes colonias de los nidos de las cigüeñas, como se coge una tortuga y ponerla en la cubierta del kayak por un momento, seguir el Martín Pescador alrededor de su islote, contar los gansos salvajes, las grúas que emigran hacia África y sorprenderme cada vez de nuevo del tamaño de los peces (aproximadamente un metro).

Después de entrenar, es bastante agradable tomar un café en el chiringuito con la gente que vive en las orillas.

Estoy consciente que hay muchas personas más que tienen más cerca algún embalse que el mar. Espero que ellos también encuentren consuelo en ellos y sacar los beneficios que nos ofrecen.

Desde luego, a menudo nos volveremos a ver en el mar, que sigue siendo la leche! (Uh, el agua salada, digo)

¿Cuál sería la tienda de campaña ideal para travesías largas?

(He hecho la foto en nuestra finca en Extremadura en 14-10-2018)

Aunque ya he tenido varias tiendas de campaña, para ser ideal para confiar en durante una travesía larga pienso en las siguientes características:

  • ligera y compacta (no nos sobra espacio en el kayak)
  • no demasiada llamativa (no está permitido acampar)
  • resistente a las tormentas (en la playa muchas veces estás expuesta al viento)
  • fácil y rápido de poner y de recoger (es una tarea que se tiene que repetir todos los días)
  • disponer de reflectantes (no quieres que un todo terreno te pilles por la noches)
  • que no está dependiente de las piquetas (muchas veces estamos en suelos arenosos o rocosos)
  • un poco de espacio de sobra (a veces hay que pasar un(os) día(s) dentro por motivos climatológicos)
  • 100% resistente a las lluvias más intensas (¿a quién le gusta el saco de dormir mojado?)
  • en mi caso: sería conveniente tener la posibilidad de estirarse completamente (pues tendría que ser larga)
  • ser adecuada para todas las estaciones (desde un verano caloroso hasta un invierno congelado)

¡Ya la he encontrado! Pues aquí viene mi consejo. Es de la marca Hilleberg, modelo “Unna” No es precisamente barata, pero es como un bunker y a la misma vez bastante ligera. He dormido en ella varias veces en lugares distintos, para probarla. La verdad es que no me puedo imaginar una tienda mejor para viajes en kayak de mar largas en solitario (también tienen modelos para más personas: http://europe.hilleberg.com/EN/ ).

¿Cuál tienda de campaña consideras tú como la perfecta?

Mi pantano maldito al que he aprendido a amar (parte 2)

Después practicar en el pantano durante un mes, decidí  buscar el agua salado. Entonces, un día me fuí a Chipiona en que vivía una familia amiga. El día estuvo tranquilo y con poco movimiento. ¡Pero qué experiencia distinta! El mar da otra sensación en muchos sentidos. Enseguida me enamoré.

El segundo día habían olitas más vivas. sorprendentemente no me sentí menos estable, al contrario; añadieron mucha diversión. Seguí practicando el rol, que pareció más fácil en el agua salada. Con demasiado temeridad empecé coger una ola con la idea de surfearla, justo como había visto en los DVD´s. La ola de repente me puso en paralelo con ella y por supuesto me caí de forma totalmente inesperada. Con la cabeza por debajo el agua y el kayak metido en la espuma, pensé ok, ¿pues posiblemente no es tan fácil!?

Volvemos al pantano, el asunto de esta serie de artículos. Con estas memorias en la cabeza, el embalse de mi zona no tenía nada que ver con el mar. Me sentía un payaso en él, con mi equipo caro y mi kayak de mar de 533 cm de longitud. Muy armado para nada. No había nada de aprender en estos aguas tan aburridos. En el verano pasa un calor intenso y el agua está como un espejo. En el invierno el agua parece negro y no supera de los nueve grados. A veces sí hay olas, pero son distintos al mar; bajas, un periódico  corto (uno o dos segundos) y muy agresivas. Aunque a menudo me iba al mar (sobre todo a Cádiz), echaba cada día más el mar y también mis amigos kayakistas que viven en la costa.

Empecé sentirme castigado por mi ubicación. Opinaba que este pantano iba a ser mi destino negro, el gran límite de mi afición. ¿Qué tipo de payaso soy para inventar un deporte que no se puede practicar en la zona en que vivo? Me tenía que obligar a mi mismo seguir navegando en ella, muchas veces no tenía nada de ganas. ¿Qué demonios se puede aprender aquí? ¿Cómo puedo avanzar en un pantano tan aburrido como este? Hasta hoy en día, nunca he encontrado ni un sólo otro kayak verdadero en mi pantano. Sin embargo, seguía entrenar dos veces a la semana, todo el año, cada año.
Lo más curioso es que con el tiempo he aprendido agradecer lo que tenía. Ahora lo veo todo muy distinto. Más fuerte; me siento afortunado y contento con mi embalse.

A pesar de todo dicho arriba, ¿qué son las ventajas de un lago, que después años por fin he descubierto? Lo vamos a descubrir en parte tres…

¡Cuidado con las rampas tramposas, amigos!

Me refiero a estas rampas de hormigón para los barcos, que dan acceso al mar. Los que han sufrido una caída en una de ellas: por favor cuéntamelo, me interesa tu historia.

En el inicio de la concentración de La Caleta de 15 septiembre de este año, Cádiz, antes de tocar el agua, antes de saludar muchos de los demás, me caí en la rampa al lado del club piragüismo. La mayor impacto tomó el codo derecho. El resultado: un agujero feo, un par de puntos, la vuelta a casa de cuatro horas con sólo un brazo al volante, 740 kilómetros en coche para nada, bastante dolor, un tratamiento fuerte de antibiótico, una radiografía, la herida muy hinchada y una semana sin ingresos (soy autónomo, o mejor dicho: lo intento ser). He tenido suerte, hubiera podido ser mucho más grave.

se vio el hueso

Es la segunda tontería que he hecho, este año. El otro fue un corte en el dedo (ve el artículo anterior). El objetivo de este escrito no es quejarme, sino avisar otros, con la intención que no vuelve a ocurrir.
En mi caso se ha terminado más o menos bien, pero quizás otro víctima en el futuro le podrá pasar algo peor.

Pero Jasper, no sabes que las rampas pueden ser muy deslizantes?
Por supuesto sí lo sé. Más fuerte, lo tuve en mente justo antes de pisarla.

Claro, lo sabemos todos. Sin embargo, siguen pasando accidentes personales en las rampas muy a menudo. Me he informado un poco y ya he oído varias historias de personas lesionadas, entre ellos algunos muy graves. Es muy fácil subestimar el nivel de lubricidad y sorprendentemente fácil herirse muy mal.

Nos preocupamos estar seguro en el agua. Invertimos todo lo que tenemos para evitar cualquier accidente imaginable. Pero por algún motivo las rampas peligrosamente deslizadas no están señaladas, ni se las tratan, ni las diseñamos para ser más seguras.

Admito que el tonto ha sido yo, no hay otras personas culpables. Pero consciente ya de los numerosos accidentes que ocurren, me gusta avisar todos con la esperanza que evitamos que tú también te caerás.

O sea, ten cuidado amigos, ¡no seáis tan temerario como yo!

 

Calabardina (Murcia) – Oropesa (Castellón)

Asunto: un relato de una travesía en autonomía por la costa española
mes: julio 2018
días de navegación sin interrupción: 9
distancia cubierta: 380 km (planeada: 535 km)
distancia diaria media: 42 km
participantes: Paul y Jasper
modo de viajar: autonomía total

Primero: siento los numerosos errores lingüisticos en este relato; mi hija, que también es mi profesora y sobre todo correctora, está ocupada con otros temas. Es el motivo que muchas veces no publico nada. He decidido que prefiero meter errores y así seguir ajuntando artículos, entonces en este caso es la cantidad sobre la calidad, jeje.  Aunque tengo el Inglés y el Holandés más fácil, prefiero intentar escribir en el idioma del país en que vivo.

Cada vez realizo otro tramo de la costa preciosa española con el objetivo de cumplir la península Ibérica entera. Y me encanta, España resulta ser un país realmente precioso con sus costas variadas y sorprendentes. Muy versátil. Seguro. Le llamaría un paraiso para nosotros kayakistas.

Los desplazamientos sobre la tierra no siempre son fáciles. Aunque me levanté a las 02:30 de la madrugada, no llegamos antes de las 21:00 al agua en Calabardina. Entonces la primera etapa nos tocó navegar en la oscuridad. Llevaba una literna potente que a veces usaba para investigar la costa, en búsqueda de alguna cala entre los acantilados. Estas primeras horas de una aventura nueva siempre me dan un montón de alegría!

La última luz del día: nos faltan unas horitas

La mañana siguiente vimos que habíamos tenido suerte por la noche; encontramos un lugar muy bueno para pasar la noche. Sorprendentamente, no he tenido uno, ni dos, sino tres saltamontes gigantescos dentro de mini mosquitero con que duermo. Supongo que había un nido de ellos justo en el sitio en que me acosté. Los primeros amigos del viaje, digamos

El paisaje y las sombras de las montañas murcianas nos estaban invitando para seguir.

El equipo Peak UK y el paisaje invitándonos

Os presento mi compañero fiel con el primer café de la travesía, el caballero Sir Paul:

¡Qué vivan los hornillos!

Los días siguientes podíamos contar con mares tranquilos, temperaturas altísimas, acantilados curiosos y a veces grupos de kayaks autovaciables de alquiler. No sabía que en esa zona gran parte de la costa todavía está tan virgen y salvaje, disfrutaba mucho.

Unos de los pocos días nublados
Después cada cabo, se está esperando otra aventura
¿A dónde ir? No es difícil decidir, ¿no?
Una escuela de kayakistas

Teníamos el tiempo limitado para llegar con tiempo a mi furgoneta aparcada en nuestro destino final  Oropesa y por esto el objetivo era hacer al menos 38 km al medio por día. Hacíamos cada día un poco más, para “ganar” un día de descanso en el caso que el tiempo se complicaría. En la realidad no ha sido necesario pauzar por motivos climatológicos.
Sin embargo, Paul sufría mucho del cansancio y de leccionas típicas kayakistas que desde luego pueden molestar mucho, como ampollas, dolores musculares, falta de fuerza y la lucha dura entre el culo y el asiento. Pero se ha defendido de modo valiente y no se rindió. A veces su cuerpecito simplemente se solidificó y le pidió una siesta inesperada justo en el acto:

Pero Paul…¿qué te pasa?
Siento decírtelo, ¡pero ni estamos en la mitad!

Teníamos un buen rollo durante toda la travesía y a ambos nos gusta viajar de modo “vagabundo”. Es decir, dormir en el sitio en que terminamos el día, cocinar, organizarnos y mantener las cosas necesarias. Libertad total.

Según ley, no está permitido acostarse en la playa. Sentarse durante toda la noche sí, pero no se puede cerrar los ojos. Entiendo que las autoridades necesitan una herramienta para mantener el orden público y tener a su dispocisión la posibilidad de referer a esta ley en el caso que haya gente que se comporten de manera molestosa. Nos acostamos justo antes de la oscuridad y nos levantamos tempranito. Por supuesto nunca dejamos ningún rastro de nuestra presencia. Al contrario, a menudo llevamos la basura presente ya. Hasta hoy en día, nadie nos ha dicho nada. Menos mal.

Cuando el sol se pone, los kayakistas se preparan para la noche

El Puerto de Alicante consiste de tres partes, entre ellas la salida de los buques grandes comerciales. Siempre hay que tener mucho ojo antes de cruzar la embocadura.

Pasamos justo cuando este bicho se arrancó

Después muchos kilómetros en costas tranquilas, de repente están ahí los rascacielos de Benidorm. Las “civilizaciones” tan densas no son muy atractivas para nosotros kayakistas en una misión; decidimos cruzar la bahía de cabo a cabo. En media ruta había un payaso en un barco de velocidad muy alta que le gustó intentar darnos el pánico, pero en el último momento cambió su rumbo.

Cruzamos la bahía (7 km) en línea recta

A menudo pasamos por algún parque natural, que siempre son espectaculares.

Un tramo bastante salvaje: ¡bonito!

Aquí no éramos capaces de localizar una playa, entonces pasamos la noche encima de las rocas. Ha sido justo al pie de un faro. El sito es bonito, el único inconveniente pequeño fue que por el motivo del suelo duro, no había la posibilidad de cerrar la mosquitera de modo estanco y entraron mosquitos. Me encanta llevar el kit lo más ligero posible, pero quizás debería volver a considerar llevar una mosquitera con el fondo integrado durante la próxima travesía.

¡Incluso en la roca se puede dormir cómodo!

Cocinar la comida. Ese día fue muy caloroso, sobre todo por la falta de aire. Pusimos nuestras lonas para crear un refugio. ¡Qué alivio!

El día más caloroso del verano

Así se ve nuestro campamento, yo durmiendo en la mano derecha. La mosquitera he comprado en la tienda outdoor española online de www.ferrehogar.es , como más artículos que llevo de ellos.

El arte es ser lo menos llamativo posible

El viaje se interrumpió de forma inesperada por un accidente torpe.
Paramos en la playa poblada de Gandía para comprar frutas antes de seguir. Habían un par de bañistas amables que cuidaban a nuestros artefactos flotantes mientras hicimos las compras. Vuelto, repartí una sandía entre ellos. Y metí la pata con el cuchillo. Casi me corté el dedo entero. Salió mucha sangre. Ocurrió a las 19:00 de la tarde y habíamos planeado seguir navegando al menos 10 kilómetros más con la esperanza de encontrar un sitio más tranquilo para pasar la noche. Menos mal  que encontré un médico en la playa que me trató el dedo. Me prohibió en absoluto tres cosas: no mojarlo, ni hacer esfuerzas y ni ensuciarlo. Son justo las actividades que se hace durante la navegación, ¿no? Fue duro, me costó un rato para admitir que no nos quedó más remedio que abortar el último tramo.

¿Pero cómo demonios solucionamos esta situación? Nuestros coches estaban lejísimos y los kayaks pesaban muchísimo. Y no tenía más que una mano usable. Rodeado con miles de jóvenes que celebraban la vida.

Con mucha vergüenza, llamé a mis buen amigos Beatriz y Julio de Almazora (Castellón) para preguntarles por echarnos un cable. Viven en una distancia de 150 de nuestra posición, pero no dudaron ni un segundo: “Os recogemos allí ahora mismo!” Vinieron con su coche totalmente nuevo y cargaron nuestros dos kayaks sucios encima, todo nuestro equipo mojado dentro. Llevamos los kayaks por media noche a Merche, otra amiga, que nos esperaba para amanecer los kayaks temporalmente en su jardín. Nos ofrecieron una habitación en su piso. El día siguiente nos transportaron a Oropesa, donde había aparcado mi furgoneta.
Estoy muy muy impresionado por lo que hicieron para nosotros. En la hora de verdad se sabrá quienes son las personas con que realmente se puede contar. Una vez más amigos, mil gracias!!! Fue un rescate real. Gracias a gente como vosotros el mundo es un lugar más bonito. Espero que venga algún día en que puedo volver el favor a vosotros o a otros.
También le doy las gracias a Paul, ha sido un viaje muy agradable.

Un par de semanas después el dedo estaba currado bastante bien. Solamente me faltan 690 kilómetros hasta la frontera francesa. No me escaparán!

Ya te echo de menos, señora costa Mediterranea

Mi pantano maldito al que he aprendido a amar (parte 1)

 

Sólo. Abandonado. Aburrido y sin olas verdaderas. El pantano de Orellana para lo cual se tiene que solicitar por un permiso oscuro, caro y complicado. El pantano del que soy el único socio que practica la navegación en kayak. Pero es grande, respira paz y sus orillas son vírgenes y bonitas.

En 2007 llegué a España, Extremadura, Almoharín. Este pueblo pequeño está separado por casi 400 kilómetros del mar más cercano. Mi deporte era el ciclismo. Sin obstante, en los veranos las temperaturas aquí se ponen tan agradables, que subir con bici lentamente a una montaña no es la primera cosa que se suele soñar. Además, tengo que admitirlo, la edad de Superman se me había pasado un poco. Un poquito digamos. Querría cambiar mi deporte por algo menos competitivo y mejor adaptado a los veranos extremeños. Algo aún más conectado al ambiente natural. Alimentado por esta idea, descubrí nuestra hermosa afición; el kayak de mar. Un mundo nuevo fantástico se abrió. Pero… el mar, dónde está?!

Considerando mi situación, es poco sorprendente que no pude encontrar nada ni nadie que me pudiera dar información sobre otras cosas que no fueran los tractores y los temas de agriculturas. Menos mal que el internet siempre sabe todo y con mis últimos ahorros compré mi equipo. Al menos hubiera podido disfrutar de la herencia del señor Generalísimo: los grandes pantanos de Orellana, el Zújar y el de Gabriel y Galán. Con unas páginas copiadas y plastificadas del libro “Guía ilustrada de Kayak de Mar” (autor: John Robison) en la mano, me fui al puerto deportivo sencillo en la orilla de Orellana la Vieja, justo al lado de la presa, con el objetivo de aprender el esquimotaje. Fui muy ignorante, me parecía una técnica interesante para empezar. No fue un éxito. Me tuvieron que sacar del agua fría con una motora de rescate porque después de caerme, subirme por la popa, caerme de nuevo, etc., ya me quedé sin energía, nadando al lado de mi kayak, mientras que el viento estaba soplándome hacia el centro del pantano inmenso.

Vuelto a casa, repetía leer las explicaciones del dicho libro muchísimas veces. Sentando en la cama, me estaba imaginando las sentimientos y la pérdida de orientación cuando uno se está flotando boca abajo en el kayak caído. Practicaba los movimientos descritos en la cama. Seguro que ha tenido que ser muy ridículo. Armado con estos conocimientos secos, volvía al pantano. La tercera tarde que me fui al pantano, el rol funcionó!
Estoy convencido que el poder de los libros, internet, videos está bastante subestimado. Por supuesto nunca substituye la práctica, pero informarse lo mejor posible desde luego acelera mucho la curva del aprendizaje. Animado por el éxito recién obtenido con el rol, seguí coleccionando toda la información que podía pillar, para estudiarla meticulosamente.

 

Por el momento, estaba contento con el pantano. Por el momento. Aunque empecé imaginándome cómo sería navegar en el mar…

(a continuar)

mi arte

OK, lo admito: esto no tiene nada que ver con el kayak.
El objetivo es mi trabajo, es decir las guitarras que hago. Siento la molestia, no he podido resistir compartirlo con vosotros:

No volverá a ocurrir!

El gran valor del cable de remolque a distancia (la pieza de nuestro equipo más subestimada)

Hay dos tipos:
– el cable de remolcar a distancia
– el cable de contacto

Cada una tiene su propia aplicación. Cuál se debe usar durante la incidencia, depende de la situación exacta. Ahora me gustaría dedicar unas palabras al primero:

El cable de remolcar a distancia

Hay muchas marcas que se ofrecen al mercado. Los precios entre ellos varían bastante, pero las calidades también. Un cable malo no nos da nada más que una sensación de seguridad falsa y por eso no solamente no sirve para nada sino incluso aumenta la posibilidad de que algo irá muy mal en la hora de solucionar un accidente. Diría que cuando somos exigentes y queremos un cable que cumple todo lo que nos da importancia, ya no hay tantos. Mi cable que se ve en la foto arriba, es de Peak UK. Aquí lo encontrarás en la tienda online:
https://www.peakuk.com/index.php?route=product/product&path=72&product_id=243
Sin embargo, no es la única marca que fabrica un buen cable.

El cable de remolque a distancia lo considero como el requisito más importante que se puede llevar en el nivel de seguridad que ofreces a tus compañeros acuáticos . Sin embargo, muchas veces vuelvo a comprobar que existen kayakistas que no lo llevan (-a mano), o no disponen de un cable bueno. Ni mencionar que hay muchos que no saben usarlo correctamente. Esta pieza de nuestro equipo es un salvavidas de verdad, mientras no sea muy costoso. Lo tienes para rescatar a tus amigos. Salir en un mar movido con un grupo y no llevar un cable de remolque puesto, es casi como una falta de respeto a las personas con las que estás saliendo.

Un cable de remolque es una herramienta increíblemente versátil. Sus aplicaciones son casi ilimitadas. Para realmente aprovechar de su poder, se debe practicar con él. La verdad es que merece la pena estudiar el tema y sobre todo practicar la teoría en el agua con otros a menudo, incluso entre desconocidos. Así se aprende mucho. Los cursos buenos tratan por gran parte de este tema también.
En este escrito me voy a concentrar al material. ¿Qué es un buen cable? Repito que llevar un cable que cumple estos objetivos no es nada de lujo, sino totalmente imprescindible.
Un buen cable de remolque al menos debe tener las característistas siguientes:

– Una longitud de 15 metros. Si remolcas a alguien y tenéis el viento o las olas a favor, necesitarás esta distancia mínima.

longitud del cable: 15 metros

En la foto se ve que he aplicado una serie de nudos especiales, “daisy chain” se llama en Inglés, para temporalmente cortar el cable a medida. Si se abre el mosquetón, automáticamente todo el cable se enlarga. No todo el mundo le gusta esta práctica. Otra manera es usar el cable de modo doblado en el caso que no se necesita toda su longitud.

– Una suelta rápida. Un cable tan largo puede causar un lio peligroso. Es importante tener la posibilidad abierta para soltarla y sacrificarla con una sóla mano de forma rápida en un caso de emergencia. (Además, tener un cuchillo a mano tampoco es una mala idea)

Cuando se tira la pelota amarilla, enseguida se quita el cable del cuerpo

– Un sistema anti choque. Sería muy incómodo que cada vez que el kayak remolcado frene, se sufra un choque de repente intenso e inesperado.

La goma absorba los golpes fuertes

– Un mosquetón confiable y muy fácil de manejar.

He intercambiado el mosquetón original (derecha) por otro modelo

Aparte de que la técnica de fijar el mosquetón tiene que ser buena, es decir siempre por debajo del cable tomador, algunos mosquetones tienen la tendencia de soltar por si mismo en algunas circumstancias. Entre los usuarios expertos no existe un acuerdo común; cada uno tiene su mosquetón preferente. La mía se venden online en https://www.francobordo.com y mide 72 mm.

– Una bolsa para guardar el cable. Es conveniente que el cable no quede demasiado apretado sino que le sobre algo de espacio. Así será más fácil volver a meterlo dentro después usarlo.
– El cable tiene que estar conectado directamente al cinturón, no a la bolsa.

Muy importante. La bolsa desde luego no tiene la fuerza del cable y se puede romper fácilemente. Así perderías a tu víctima!

– El cable debería tener un color llamativo. Ser resistente al agua salada. Y no hundirse con demasiada facilidad.
– Queda abierto ajustarlo al gusto personal. Existen algunos trucos que a algunos les gustan y a otros no. Un par de ellos los podemos ver en las fotos de abajo. Ya mencionado arriba son los nudos de daisy chain.

A algunos les gustan tenerlo, a otros no; un flotador. Yo llevo el mío no en el extremo absoluto sino a un metro de él.

Los pros de un flotador de cable son que el cable no se hunde y será siempre fácil  localizar el extremo. Los que están en contra no les gustan que el flotador puede liarse con los tomadores del cubierto, especialmente en la hora de desconectarse.

Otro truco que puedo recomendar es que cuando está previsto que puedan ocurrir complicaciones, (siempre juzgando el estado de tus compañeros y las circumstancias en que os encontráis), podríais prepararos ya y sacar el mosquetón con antelación. Fíjalo de modo provisional en la chaleca. Así estarás más rápido aún cuando lo necesites de repente.

Un ejemplo. Termino con dos imágenes del uso del cable de remolque en la práctica. El rescatado ya no se siente bien (está herido, sufre de hipotérmia, le falta fuerza, se siente mareado, etc…). Necesita apoyo permanente de un compañero para evitar volcarse.
La solución es que uno se dedica a estabilizar la persona afectada, mientras otro remolca ambos a la seguridad.

Paso el cable por debajo del tomador del estabilizador y fijo el mosquetón (¡a una sola parte!) del cable tomador de la víctima

El motivo de fijar el mosquetón al kayak del rescatado y no al barco del otro rescatador, es que de este modo el rescatador sigue la persona que puede dominar la situación y soltarse a su mismo en cualquier momento sin asistencia de otros.

 

Ya puedo sacar ambos de la zona de peligro, mientras el rescatado no pierde el apoyo de su rescatador en ningún momento

Esta técnica se puede usar incluso durante distancias largas, sobre todo en el caso que hayan más de dos rescatadores.

Así es fácil de dar muchos más ejemplos de situaciones imaginarias en las que no se hubiera sido capaz de solucionar la situación sin el cable de remolque!